Encontrarle un hogar a un nuevo cachorro suele ser una tarea titánica, por eso muchas veces los amos de las hembras, al saberlas preñadas, optan por botarlas. O, de partida, no aceptar como mascota a una hembra. Las consecuencias son alarmantes cuando se trata de una madre canina, que en las razas grandes pueden llegar a tener más de diez crías.